Poussy tiene un problema

Poussy es un gatito protagonista de unas tiras cómicas publicadas por Peyo (el padre de los Pitufos, de Johan y Pirluit, o de Benito Sansón, Benet Tallaferro para los que lo leíamos en Cavall Fort) entre 1949 y 1992, con diversos parones y delegando al final en miembros de su estudio. Durante mucho tiempo los tres álbumes que recogían sus aventuras han estado agotados y eran carne de coleccionista, pero, por suerte, al fin se ha publicado, en 2014 en Francia y en 2015 en España (tanto en catalán como en castellano) una edición integral de sus gags.

 

Hoy os traigo un problema a la Dan Meyer. Se trata de la tira número 72. El problema es: ¿A qué altura está colgado el jamón? (Clicad en la imagen para ampliarla)

poussy

Con esta entrada, Poussy y yo participamos en  la Edición 7.2 del Carnaval de Matemáticas que alberga La Aventura de la Ciencia.

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¿Verdad que no lo llamáis Teorema del Cálculo Fundamental?

Porque lo fundamental es el teorema, no el hipotético cálculo que podáis hacer con él. Pues con el Teorema Central del Límite pasa lo mismo. Lo central es el teorema, no el límite, por lo que Central toca ir en medio y no al final, para evitar ambigüedades.

El nombre se lo puso George Pólya en 1935:

polya2

Gracias a la encorsetada construcción del alemán podemos ver que se refería a un teorema del límite que es central (el adjetivo Zentraler refiere a la parte final del nombre compuesto Grenzwertsatz, límite-teorema). También explica Pólya en la introducción que

Das Auftreten der Gaußschen Wahrscheinlichkeitsdichte e^{x^2} […] ist bekanntlich aus einem und demselben Grenzwertsatz zu erklären, der in der Wahrscheinlichkeitsrechnung eine zentrale Rolle spielt.

(y me reconoceréis que lo de Wahrscheinlichkeitsrechnung es impresionante). Google lo traduce más o menos como:

“La aparición de la densidad gaussiana de probabilidad e^{x^2} […] se sabe que se explica por un único Teorema del límite, que juega un paper central en Teoría de las Probabilidades”

¿De dónde viene pues la tendencia a poner el Central al final? Del francés. L. Le Cam lo explica de pasada en la página 79 de su “The central limit theorem around 1935” (Statistical Science 1 (1986), 78–91): los franceses lo han llamado durante muchos años “Théorème de la limite centrale” o incluso “centrée” porque consideraban que “describía el comportamiento del centro de la distribución, por oposición a sus colas”.

Todo esto viene a cuento porque estos días estoy revisando las transparencias del curso de Matemáticas II para biólogos y bioquímicos (básicamente, estadística inferencial y multivariante) y he decidido consultar cuál es la forma correcta en catalán del nombre de este teorema. Ya sé que los monohispanohablantes ni se os ocurre plantearos si hay un “nombre correcto” para un teorema. Pero tenéis que entender que el catalán es una lengua pequeña, rodeada geográficamente por los gigantes francés y español y amenazada globalmente por el inglés, por lo que a poco que nos descuidemos es muy fácil que perdamos nuestras construcciones propias en beneficio de estas lenguas globales. Para ayudarnos a evitarlo está el TERMCAT, que tiene como misión “garantizar el desarrollo y la integración de la terminología catalana en los sectores especializados y en la sociedad en general”. Así, cuando queremos saber cuál es la manera correcta de expresar en catalán alguna noción de alguna rama específica del conocimiento, por ejemplo matemáticas, es el TERMCAT lo que tenemos que consultar en primer lugar.

Pues bien, el TERMCAT reconoce como única construcción correcta “Teorema del límit central”. Supongo que por afrancesamiento del que lo decidió en su momento y desidia de los usuarios posteriores (no he descubierto América: por ejemplo, Pere Grima ya avisa de que lo que es central es el teorema en la Pregunta 54 de su “55 respuestas a dudas típicas de estadística“). Naturalmente, el TERMCAT sólo sugiere, no vendrá ningún policía lingüístico a aporrear la puerta de mi despacho porque use “Teorema central del límit”. Mientras tanto, haré la propuesta al TERMCAT, a través del Gabinet de Terminologia de la UIB, para que lo cambien. No será la primera vez.

Un consejo (de ultratumba) para jóvenes

Con unos días de diferencia me he enterado de la muerte de dos referentes de mis años de tesis: Strømme y Laksov. Descansen ambos en paz.

Stromme

Stein Arild Strømme

Stein Arild Strømme murió a finales de enero, a los 62 años, tras una larga lucha contra el cáncer que documentó en un blog que de vez en cuando leía traducido por Google para ver cómo iba. Sus teoremas con Geir Ellingsrud sobre la existencia de una descomposición celular del esquema de Hilbert \mathrm{Hilb}^k \mathbb{P}^2 (una variedad algebraica que parametriza los conjuntos de k puntos del plano proyectivo, incluyendo los conjuntos “degenerados” donde hay coincidencias de puntos) fueron el germen de mi tesis. Lo recuerdo alto, nórdico, amable, pacífico. Sus preprints de la Universidad de Bergen, de tapa naranja, que nos enviaba religiosamente me evocaban un lugar romántico de frío y nieve casi perpetuos, ideal para hacer matemáticas (me imagino que a él los preprints de la Universitat de Barcelona, amarillos, le evocaban un lugar romántico de clima agradable y mucho ambiente en las calles; Dios da pan a quien no tiene dientes).

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Dan Laksov

Dan Laksov murió a finales de octubre, pero me enteré ayer por el Boletín dominical de la RSME. Tenía poco más de 70 años. Cuando lo conocí, a mediados de los ochenta, era el director del Instituto Mittag-Leffler, y un reconocido luchador  por los derechos humanos. Y hoy quiero recordar de él un consejo que me dió en un congreso y que me ha servido toda mi vida científica.

Mi inglés hablado no es bueno, y cuando era joven era peor. Cosas de la educación: mi francés es muy bueno pero nunca he estudiado inglés de manera sistemática y ha crecido salvaje. Además, no sé como está organizado mi cerebro, pero aun hoy el inglés compite con el francés en la zona que maneja los idiomas extranjeros, y a menudo me salen “francesadas” cuando hablo en inglés. En resumen, que a los veintipocos años, preparar una conferencia en inglés era para mi una montaña. Y en los congresos de Geometría Enumerativa a los que iba la cosa no eran presentaciones de 20 minutitos y proyectando un pdf como ahora, no. Las conferencias eran de una hora en pizarra.

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Foto de familia del congreso de Sitges

Así que en una de esas, en el congreso de Geometría Enumerativa de Sitges en 1987, Laksov (nunca le llamé Dan, me imponía mucho respeto) me vio todo nervioso, y cuando le comenté que el motivo era mi charla, me dio un consejo: para dominar una charla, tras prepararla bien preparada, en algún momento de las 24 horas anteriores escribe palabra por palabra lo que dirás, incluyendo los chistes. Así lo hice. Mano de santo, chicos. Aunque con la edad mi capacidad para improvisar en inglés ha crecido a medida que mi sentido del ridículo ha disminuido, aun hoy lo hago con las charlas que quiero que salgan perfectas. Incluso en catalán o castellano.

He de decir que tras mi tesis, abandoné el campo de la geometría enumerativa, incluso las matemáticas consideradas serias, así que desde el 90 más o menos no volví a ver a ninguno de mis ídolos de la época: Laksov, Stromme, Kleiman, Piene…

Un último recuerdo para deprimirme notando que cuando Laksov me dió ese consejo era más joven que yo ahora.

Mankoff

Roz Chast, New Yorker (25 de octubre de 1993)